¿Te imaginas saltar de una ciudad medieval amurallada a un puente que simboliza la reconciliación de un país y, al día siguiente, disfrutar de la tranquilidad de un pueblo costero con aires venecianos? Eso fue exactamente lo que hicimos en nuestro viaje de 8 días por Croacia, con una breve incursión a Bosnia y Herzegovina. Organizamos todo al 100% por libre: alquiler de coche, ferris para movernos entre islas y buscando siempre los mejores rincones gastronómicos.
Las fechas fueron del 16 al 23 de septiembre, con vuelos entre Barcelona y Croacia (ida a Dubrovnik, vuelta desde Zadar). A continuación, te detallo nuestro itinerario, lleno de anécdotas, recomendaciones y datos históricos que te ayudarán a preparar tu futura aventura por esta región fascinante.
Día 1 (16 de septiembre): Llegada a Dubrovnik
- Vuelo: Barcelona (6:35) → Dubrovnik (8:45)
Tras aterrizar y recoger el coche de alquiler, nos instalamos en Apartments Dani Dubrovnik (Gornji Kono 25). Dejamos el equipaje y nos lanzamos a conocer el casco histórico, una maravilla rodeada de murallas centenarias.
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Plaza de Luza: reúne la Torre del Campanario, el Palacio de Sponza y la Iglesia de San Blas.
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Palacio del Rector y Catedral de la Asunción: vestigios de la antigua República de Ragusa, merecen una visita para entender mejor la historia local.
Si necesitas reponer fuerzas, prueba el famoso bocadillo de jamón de Dalmacia en Skola (calle Antuninska 1). Por la tarde, si buscas la panorámica definitiva, toma el teleférico al Monte Srd y admira la ciudad al atardecer.
Día 2 (17 de septiembre): Excursión a Bosnia (Mostar) y llegada a Makarska
Nos levantamos temprano para cruzar la frontera y visitar el icónico Puente de Mostar, que data del siglo XVI. Destruido en 1993, fue reconstruido con el apoyo de la UNESCO, convirtiéndose en símbolo de la reconciliación tras la guerra de los Balcanes. Sus 30 metros de longitud y las dos torres que lo custodian (Halebija y Tara) evocan una historia llena de contrastes.
Para comer, elegimos el National Restaurant Cevabdzinica Tima - Irma, donde probamos los célebres cevapi y otras especialidades de la gastronomía bosnia.
Por la tarde, regresamos a Croacia y nos dirigimos a Makarska, alojándonos en Studios Ravlić Marija (Svetog Florijana 5A). Es una ciudad costera muy agradable para pasear al anochecer y disfrutar del ambiente relajado de la Riviera de Makarska.
Día 3 (18 de septiembre): La isla de Brač (Bol)
Desde Makarska, tomamos el ferry hasta Sumartin, en la isla de Brač, para pasar el día en Bol. Allí conocimos la playa de Zlatni Rat (“Cuerno de Oro”), famosa por su forma alargada y por los guijarros blancos que cambian ligeramente de orientación con las mareas y el viento.
Además, en Brač se puede visitar:
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Supetar: principal pueblo de la isla, construido con la misma piedra que se usó en la Casa Blanca de EE. UU.
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Vidova Gora (778 m): el pico más alto de las islas del Adriático, con panorámicas de Hvar y Korčula en días claros.
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Iglesia dominicana de Bol: una pequeña joya decorada con pinturas de Tripo Kokolja.
Para comer, nos recomendaron el Restaurante Ranc (Hrvatskih Domobrana 23/21420, Bol). Aquella noche dormimos en el Hostel Bol (Podan glavice 1/d).
Día 4 (19 de septiembre): De Bol a Split, parada en Trogir y rumbo a Plitvice
Tomamos el ferry desde Supetar hasta Split y dedicamos buena parte del día a explorar la segunda ciudad más grande de Croacia.
Por la tarde, hicimos una rápida visita a Trogir, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con su Catedral de San Lorenzo y el castillo Kamerlengo. Después continuamos en coche hacia el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, donde teníamos reservado un alojamiento para dormir cerca y madrugar al día siguiente.
Día 5 (20 de septiembre): El Parque Nacional de Plitvice y viaje a Rovinj
Nos levantamos muy temprano para explorar el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, uno de los tesoros naturales de Croacia. Sus 16 lagos interconectados por cascadas y pasarelas de madera ofrecen un espectáculo de agua turquesa inolvidable. Hay varias rutas según el tiempo que quieras dedicar; nosotros recorrimos buena parte de los senderos y paramos a fotografiar cada rincón.
Por la tarde, tras finalizar la visita en Plitvice, conducimos hacia Rovinj, al noroeste del país. Llegamos ya entrada la noche y nos alojamos allí. Esta encantadora localidad es llamada la “Venecia croata” por sus canales y su historia ligada a la antigua república veneciana. Sus casas de fachadas coloridas y callejones adoquinados nos dieron la bienvenida con una atmósfera muy romántica junto al mar.
Día 6 (21 de septiembre): Rovinj, playas de Istria y festival de luces en Pula
Tras despertar en Rovinj, dedicamos la mañana a callejear por su casco antiguo, que se alza sobre una península coronada por la Iglesia de Santa Eufemia. El aire veneciano y la brisa marina hacen que pasear por sus calles sea un placer para los sentidos.
Después nos acercamos al Parque Natural de la Península de Istria, donde abonamos una pequeña entrada para ayudar a su conservación. Recorrimos algunas de sus playas más llamativas, como Beach Drazice y Beach Plovanije, donde el agua es cristalina y está rodeada de pinares.
Ya al anochecer, nos dirigimos a Pula para instalarnos y nos topamos con un festival de luces que se extendía por toda la ciudad. Había espectáculos de iluminación en edificios históricos, esculturas lumínicas y música envolvente. Fue una experiencia única que convirtió nuestra primera noche en Pula en algo memorable.
Día 7 (22 de septiembre): Descubriendo Pula y llegada nocturna a Zadar
Con la luz del día, visitamos los principales atractivos de Pula, una ciudad con fuerte herencia romana:
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Arco de los Sergios (o Puerta Dorada): una de las antiguas puertas de la ciudad.
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Templo de Augusto: erigido en honor al emperador, testimonio de la relevancia de Pula en la época romana.
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Fortaleza Veneciana: situada en la parte alta, ofrece vistas preciosas de la ciudad y del puerto.
Terminamos la visita a mediodía y pusimos rumbo a Zadar. Al llegar ya oscurecía, así que aprovechamos únicamente para descansar y prepararnos para el último día.
Día 8 (23 de septiembre): Regreso desde Zadar a Barcelona
Tocaba despedirse de Croacia. Nuestro vuelo salía pronto: Zadar (7:35) → Barcelona (9:55). Atrás quedaban murallas medievales, puentes cargados de significado histórico, parques naturales de ensueño, playas de guijarros, festivales de luces y la posibilidad de volver a descubrir otra parte de Croacia en un futuro viaje.
Conclusión
En estos ocho días, recorrimos desde la fortificada Dubrovnik al emblemático puente de Mostar (Bosnia), saltamos a la isla de Brač y exploramos la histórica Split. Después, la naturaleza nos deslumbró en Plitvice, mientras que en Rovinj y la península de Istria saboreamos el aire veneciano y las aguas cristalinas. Rematamos en Pula, con su espectacular festival de luces y su legado romano, para finalmente dormir en Zadar y volar de vuelta.
Croacia es un destino que combina historia, gastronomía, cultura mediterránea y paisajes inolvidables. Si estás pensando en viajar por libre, anímate a diseñar tu ruta con libertad, pero dejando espacio para sorpresas como los festivales y los rincones ocultos. ¡Te aseguro que cada kilómetro recorrido valdrá la pena!
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